domingo, junio 30, 2013

el más débil es tan inmortal como yo





42

Grito en medio de la muchedumbre,
y grito con la voz rotunda, arrolladora y terminante.
Oíd, hijos míos, 
hombres, mujeres, adolescentes,
familiares y amigos... oíd:

La canción va a llegar a su clímax,
ha pasado el preludio de las flautas
y de los acordes sencillos tocados con ágiles dedos...
Siento ya el retumbo precipitado del final,
gira mi cabeza,
la música trepida (no es música de órgano),
y hay gentes a mi alrededor que no son mis parientes.
Oíd todos:
Siempre la tierra dura,
siempre los que comen y los que beben,
siempre el sol que asciende y el sol que declina,
siempre el aire
y las mareas incesantes,
siempre yo y mi vecino amables, perversos... humanos,
siempre la vieja pregunta inexplicable,
siempre la espina en el dedo
y siempre los gritos de la congoja y del hambre.
Siempre el azuzante ¡hala, hala! hasta que descubrimos al taimado que se esconde y lo hacemos salir,
siempre el amor
y siempre el líquido sollozante de la vida... 
siempre el pañuelo sujetando la mandíbula del difunto
y siempre el túmulo de la muerte.

Por todas partes, ojos que buscan monedas en el suelo,
cerebros que se estrujan para alimentar la voracidad del vientre;
por todas partes, revendedores, hombres que toman boletos, que los compran y que los venden, y que ni una sola vez van a la fiesta;
por todas partes gentes que sudan,
gentes que aran,
gentes que trillan;
por todas partes la burla de una paga ruin...
y los ricos perezosos que reclaman el trigo sin cesar.

Ésta es la ciudad.
Y yo soy un ciudadano de la ciudad.
Y lo que interesa a los ciudadanos de la ciudad me interesa a mí:
la política,
la guerra,
el periódico,
el mercado,
las escuelas,
el alcalde y los concejos,
los bancos,
las tarifas,
las fábricas,
los vapores,
los bienes raíces
y los bienes mostrencos.

Ya sé quiénes son ésos:
Esos pequeños maniquíeo.s que se mueven a mi alrededor vestido de cuello y de levita, ya sé quiénes son.
No son pulgas ni gusanos.
Son réplicas mías.
El más débil y el más superficial es tan inmortal como yo.
Lo que yo hago y lo que yo digo es cosa suya también,
porque el mismo pensamiento que forcejea en mí,
forcejea en ellos.

Conozco muy bien mi propio egotismo,
conozco mis inclinaciones onmívoras
-no puedo escribir ni un verso menos-
y te buscaré a ti, quienquiera que seas,
que vas en la misma corriente que yo.

Esta canción no es rutinaria.
Está hecha para preguntar ásperamente,
para saltar hacia adelante
y traerlo todo más cerca:
aquí está el libro impreso  y encuadernado...
pero ¿dónde están el impresor y el aprendiz?
Aquí hay unas fotografías muy bien tomadas...
pero ¿y tu mujer y tu amigo están apretados y seguros en tus brazos?
Aquí está el barco gris, con clavos enormes de hierro,
y los cañones poderosos en las torrecillas blindadas...
pero ¿y el arrojo del capitán y de los maquinistas?
Aquí está la casa con el ajuar, la comida y el mobiliario...
pero
¿y el dueño y los invitados? ¿Dónde está las luz de sus miradas?
El cielo está allá arriba... pero ¿está aquí, en la casa
que sigue y en la casa de enfrente?
Los santos y los sabios están en la historia... pero ¿y tú?
¿Dónde estás tú?
Sermones, credos, teologías... pero ¿y el cerebro insondable del hombre?
Y ¿qué es la razón?
¿Qué es el amor?
¿Qué es la vida?

Walt Whitman, West Hills, condado de Suffolk, Nueva York, 1819 – Camden, Nueva Jersey, 1892
en Canto a mí mismo, Walt Whitman, Editorial Oceáno, 1948
Traducción de León Felipe
imagen de Walt Whitman en The Well-Tempered Ear

jueves, junio 27, 2013

antonio machado. XIII.


XIII

Hacia un ocaso radiante
caminaba el sol de estío,
y era, entre nubes de fuego, una trompeta gigante,
tras los álamos verdes de las márgenes del río.
Dentro de un olmo sonaba la sempiterna tijera
de la cigarra cantora, el monorritmo jovial,
entre metal y madera,
que es la canción estival.
En una huerta sombría,
giraban los cangilones de la noria soñolienta.
Bajo las ramas obscuras el son del agua se oía.
Era una tarde de julio, luminosa y polvorienta.

Yo iba haciendo mi camino
absorto en el solitario crepúsculo campesino.
Y pensaba:  «¡Hermosa tarde, nota de la lira inmensa,
toda desdén y armonía;
hermosa tarde, tú curas la pobre melancolía
de este rincón vanidoso, obscuro rincón que piensa!»
Pasaba el agua rizada bajo los ojos del puente.
Lejos la ciudad dormía,
como cubierta de un mago fanal de oro trasparente.
Bajo los arcos de piedra el agua clara corría.
Los últimos arreboles coronaban las colinas
manchadas de olivos grises y de negruzcas encinas.
Yo caminaba cansado,
sintiendo la vieja angustia que hace el corazón pesado.
El agua en sombra pasaba tan melancólicamente,
bajo los arcos del puente,
como si al pasar dijera:
«Apenas desamarrada
la pobre barca, viajero, del árbol de la ribera,
se canta: no somos nada.
Donde acaba el pobre río la inmensa mar nos espera.»
Bajo los ojos del puente pasaba el agua sombría.
(Yo pensaba: ¡el alma mía!)

Y me detuve un momento,
en la tarde, a meditar...
¿Qué es esta gota en el viento
que grita al mar: soy el mar?
Vibraba el aire asordado
por los élitros cantores que hacen el campo sonoro,
cual si estuviera sembrado
de campanitas de oro.
En el azul fulguraba
un lucero diamantino.
Cálido viento soplaba
alborotando el camino.

Yo, en la tarde polvorienta,
hacia la ciudad volvía.
Sonaban los cangilones de la noria soñolienta.
Bajo las ramas obscuras caer el agua se oía.



Antonio Machado,  Sevilla, 1875- Collioure, 1939
en Antonio Machado, Obras Completas, Tomo II, Losada, Buenos Aires, 1997
imagen de Antonio Machado, en La Obra Poética de Antonio Machado

miércoles, junio 26, 2013

lo que será el recuerdo



Una figura mira desde el cuarto

Un día irá al desván, al remate, a la nada.
Ahora sobrevive entre la indiferencia
por encima del tiempo que ronda los relojes.
Gentes envejecidas, nuevos rostros,
ausencia, larga sombra.

En la sala que tanto desearon
y ahora  a veces el polvo su aburrimiento habita.
¿Quién dice que no es ella quien contempla
la vida de los otros, cómo crece
lo que será el recuerdo y el olvido?

Raúl González Tuñón, Buenos Aires, 1905-1974
de Poemas para el atril de una pianola, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1993
imagen de Modigliani, en Blog Da Regbit

martes, junio 25, 2013

un poema indispensable y con el debido permiso

de Poemas elegidos en Otra Iglesia es Imposible


Jorge Fondebrider
(Buenos Aires, 1956)

Escrito sobre una mesa de Montparnasse, de Raúl González Tuñón
Mis primeros intentos de leer poesía escrita en castellano durante la adolescencia fueron un fracaso. Supongo que  mucho tuvo que ver el azar: no tuve suerte con los autores, no me hablaban, no eran para mí. Creo que el primero fue Nicolás Guillén, que me pareció francamente horrible. Pablo Neruda y susVeinte poemas… me resultaron empalagosos (debo decir que nadie me dijo que probara suerte conResidencia en la tierra), a los españoles siempre los toleré mal y los argentinos, hasta entonces, eran apenas el soneto dominguero de La Nación, que, por lo general, no era de Borges. Por eso, cuando entré en la escuela secundaria, gracias a algunos compañeros y al bibliotecario del colegio descubrí un montón de poesía que estaba escrita en ese otro castellano, no el de la tradición, sino el de la traducción, al que por mucho tiempo di por bueno. Y ahí aparecieron Walt Whitman, espléndidamente traducido por el ecuatoriano Francisco Alexander, Ezra Pound traducido por Carlos Viola Soto o Marcelo Covián, Cesare Pavese traducido por Horacio Armani, Edgar Lee Masters traducido por Alberto Girri, Dylan Thomas por Elizabeth Azcona Cramwell, Stéphane Mallarmé en la increíble traducción de Raúl Gustavo Aguirre, y Montale, Ungaretti, Saba, para no hablar de Wallace Stevens, o William Carlos Williams, o Theodore Roethke (que siempre me pareció un Dylan Thomas del otro lado del Atlántico). Después, a los 20 años, durante una larga temporada que me tocó estar en París, “descubrí” casi por casualidad la literatura argentina. Para ese entonces ya venía pertrechado con Borges, pero sumé a Roberto Arlt y muy fundamentalmente a Raúl González Tuñón. Y el Tuñón que más me gustó fue justamente el que, también de paso por París, se tomó el trabajo de devolvernos su propia versión de la Argentina. Me refiero al Tuñón de La calle del agujero en la media, el de “La cerveza del pescador Schiltighein”, “Poema del Boulevard Saint-Michel” y, sobre todo, “Escrito sobre una mesa de Montparnasse”. A ese poema vuelvo cada vez que quiero explicarle a alguien en qué consiste lo mejor de la argentinidad, olvidándome, de paso, del profundo asco que hasta el día de hoy me producen los milicos, de las muchas reencarnaciones de los peronistas –un movimiento, a no olvidarlo, también fundado por un militar y que por lo tanto exige una disciplina vertical– y de los siempre timoratos radicales, temerosos incluso de sus propias sombras. En ese poema, que como muchos otros poemas de Tuñón llevan a pensar en Valéry Larbaud o en Blaise Cendrars, se lee: “Vengo de Buenos Aires, digo a mis amigos desconocidos, /de Buenos Aires que es tres veces más grande que París /y tres veces más pequeña. /Y aunque mi sombrero y mi corbata y mi espíritu canalla /sean productos perfectamente europeos /soy triste y cordial como un legítimo argentino”. Entiendo que ambas afirmaciones son ciertas, pero no es todo. Tuñón también me revela casi mágicamente en qué consiste la eufonía, cuando escribe: “quisiera irme al Turkestán porque Turkestán es una bonita palabra /y mi amigo Michel Berboff nació en Turkestán”. Desde mi punto de vista, se trata de un plan del todo extraordinario, presentado de manera ejemplar. Pero, si se me permite, voy a volver atrás, justamente a la estrofa que dice: “Los gatos se calientan al sol /pero un hombre necesita de la buena lumbre, de la buena carne y de la mujer /siquiera dos veces a la semana”. No leí en ninguna parte que alguien haya advertido que Tuñón incurre en esos versos en una serie de flagrantes galicismos (la varias veces reiterada repetición “necesitar de”, como traducción literal de avoir besoin de; “siquiera” por “al menos”) y me parece que se debe a que el poema se siente tan argentino que, como en el caso de la lengua que usamos –a la que, de paso, poco le importa cómo se dicen las cosas en España–, admite todo tipo de licencia casi como la fe. Tuñón me dio al Gelman que alguna vez me gustó, que me dio a Vallejo. Casi enseguida vinieron César Fernández Moreno, Francisco Madariaga, Edgar Bayley y, muy especialmente, Joaquín O. Giannuzzi. Parafraseando a Macedonio Fernández, duermo de ese lado.


Escrito sobre una mesa de Montparnasse

Una tarde por el ancho rumor de Montparnasse
por ese aire de provincia tan confianzudo y claro
–cada ventana paga su pedazo de sol con una canción,
anduve bebiendo el buen vino rojo y alegre como una canción,
rojo y alegre como una revolución.

Y entonces, pensé: ¿qué haré ahora de mi vida?
Tengo dos amigos, un saxofonista y un vendedor de globos.

Ellos me han dicho: viene el invierno y eso es terrible.
Los gatos se calientan al sol pero un hombre necesita
de la buena lumbre, de la buena carne y de la mujer
siquiera dos veces a la semana.

Algunas mujeres me han detenido en Montmartre
pero me piden cigarrillos y cien francos
y yo solo puedo darles ágiles besos casi inéditos
y hablarles de mi país sin que ellas me comprendan
y decirles que Blanca Luz está en Méjico
sin que ellas me pregunten quién es Blanca Luz.

Una noche bajo la vieja luna de París degollada en los techos
–la luna que alumbra a los enamorados y a los cobardes–
yo vi cómo en un alto balcón
se amaban un muchacho y una muchacha.

Vengo de Buenos Aires, digo a mis amigos desconocidos,
de Buenos Aires que es tres veces más grande que París
y tres veces más pequeña.
Y aunque mi sombrero y mi corbata y mi espíritu canalla
sean productos perfectamente europeos
soy triste y cordial como un legítimo argentino.
Diría: soy un pobre muchacho abandonado aquí
como una valija rotulada en todas las aduanas del mundo
y quisiera irme al Turkestán porque Turkestán es una bonita palabra
y mi amigo Michel Berboff nació en Turkestán.

Pero si yo pudiera llevar a la práctica algo que hace días reflexiono:
¡Ponerme a gritar sobre la Torre Eiffel con afilados gritos
para que venga una mujer y me ame!

¿Conocen ustedes el Neuquén?
Allí hay cabañas de troncos de árboles
y pulperías en donde venden conejillos y libros de Maurice Dekobra.

¿Y Tucumán? En Tucumán solo puede buscarse
la noche en los ojos de sus
mujeres y las guitarras de sonoras y floridas parecen patios.

¿Y Mendoza? En Mendoza los niños saben cantar
porque han nacido al borde de las acequias.

¿Y La Rioja? Yo anduve por ahí adolescente y barbudo como un gitano
y gané una elección con cincuenta pesos y una vaca,
absorto, como Buster Keaton.

¿Y Santa Fe? En Santa Fe viví treinta días en un convento
con ocho frailes franciscanos que iban doblándose hacia el suelo.
Los duendes venían hasta mi cuarto trayéndome briznas de sol
y por la noche se ocultaban en las hornacinas
para hacerles señas a los perros sin dueño y a los viajeros extraviados.

Nosotros tenemos además estaciones abandonadas, pozos de petróleo
y escuelas rurales, como en los cuentos de Bret Harte.

Pero lo que no tenemos es la alegría verdaderamente constante,
la risa verdaderamente pura,
el corazón verdaderamente libre.

Y no se hable de mi corazón.
Yo quisiera
anunciar la función de los circos
dando puñetazos a las estrellas rojas.

Yo quisiera escupir los vidrios de un expreso de lujo
para que rabien los millonarios.

Yo quisiera interrumpir todas las comunicaciones telefónicas
para ver si encuentro una palabra, una sola palabra para mí
y abrir toda la correspondencia del mundo por ver si alguien
una sola persona tiene un recuerdo, un solo recuerdo para mí.

Yo quisiera explotar una bomba, derrocar un gobierno,
hacer una revolución con mis manos amigas del
cristal, de la luz, de la caricia
–destruir todas la tiendas de los burgueses
y todas la academias del mundo–
y hacerme un cinturón bravío de rutas
inverosímiles como Alain Gerbault
para que venga Blanca Luz y me ame.

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974)

Foto: Jorge Fondebrider en París, 2012

lunes, junio 24, 2013

julio cortázar. negro el 10 y otros poemas


Negro el 10

1.
Empieza por no ser. Por ser no. El Caos es negro.
Como es negra la nada.

2.
Nace la claridad, su gallo triza el cielo,
se esponjan los colores/vanidosos.

Pero el negro se ahínca primigenio. Toda luz
en el carbón se abisma en el basalto.

3.
Tes physiciens appellent corps noirstous ceux qui
absorbent intégralement les radiations reçues.

Para mejor lanzarlos al asalto
del día. (Goya pudo decirlo).

4.
Socavón en la sangre, en la memoria,
lo negro sube a la palabra, es la tormenta
rabiosa de los odios y los celos:
Othello el blackamoor, el moro negro
(para el lívido Yago,
siempre).

5.
Padre profundo, pez abisal de los orígenes,
retorno a qué comienzo,
estigia contra el sol y sus espejos,
término de los cambios,
última estela de las mutaciones,
palabra del silencio.

6.
Su palacio nocturno: el sueño, el párpado
sedosa guillotina del diurno pavorreal
para que sólo las similitudes
desplieguen sus tapices de morado, de púrpura y de óxidos,
harem del negro, esperma de los sueños.

7.
Se diría que le gusta que lo aplanen, lo espatulen, lo tiendan en
lisas superficies, como se hace aquí. Se diría que ama ser el
trampolín desde donde saltan los colores, su callado sostén.
Todo es más contra el negro; todo es menos cuando falta.

8.
Cedes a estas metamorfosis que una mano enamorada
cumple en ti, te llenas de ritmos, hendiduras, te
vuelves tablero, reloj de luna, muralla de aspilleras
abiertas a lo que acecha siempre del otro lado,
máquina de contar cifras fuera de las cifras, astrolabio
y portulano para tierras nunca abordadas, mar
petrificado en el que resbala el pez de la mirada.

9.
Caballo negro de las pesadillas, hacha del
sacrificio, tinta de la palabra escrita, pulmón
del que diseña, serigrafía de la noche,
negro el diez: ruleta de la muerte, que se
juega viviendo.

10.
Tu sombra espera tras de toda luz. Negro el 10

1984
Julio Cortázar, Bruselas, 1914- París, 1984
Imagen de Wassily Kandinsky, en RT, El espacio en las obras de Kandinsky



domingo, junio 23, 2013

ella sola se irá


La abandonada

Por la oscura región de vuestro olvido.
GARCILASO, Soneto XXXII

No se le ocurre al tiempo repetir 
sus caras en las nubes del poniente,
y se mueren impenitentemente
tiempos entristecidos al huir.

Ella sola se irá como en un sueño,
como en un sueño donde brilla el frío,
costeando márgenes de un vago río
donde el destino forma su diseño.

Y Dios que la contempla omnipotente
de indiferencia, siente su destreza
crecer al otorgar tanta tristeza.
Ella repite persistentemente:

Ah, si quisieras ser como te amé
volvería la luz ser como antes;
no habría primaveras repugnantes
ni fragmentos heridos en mi fe.

Ah, si pudiera ser como me amabas,
sin la inquietud que vuelve tan cobarde,
volverían los cielos de otra tarde
a penetrar mi anhelo, que encantabas.

***

La abandonada
segunda versión

¡No se le ocurre al tiempo repetir
sus caras en las nubes del poniente!
Y se miueren impenitentemente
tiempos entristecidos al huir.

Por eso estoy acás como en un sueño,
como en un sueño largo que no es mío,
costeando márgenes de un vago río
donde el destino forma su diseño.

Y Dios que me contempla en su impotente
indiferencia, siente su destreza
crecer para otorgar sólo tristeza
o una terrible dicha negligente.

Mas si quisieras ser como te amé
volvería la luz a ser como antes,
no habría primaveras repugnantes
ni fragmentos heridos en mi fe.

Ah, si pudiera ser como me amabas,
sin la inquietud que vuelve tan cobarde,
volverían los cielos de otra tarde
a penetrar mi anhelo que buscabas.

Silvina Ocampo, Buenos Aires, 1903-1993
en Silvina Ocampo, Poesía completa, Tomo I, Emecé, Buenos Aires, 2002 
imagen de Mark Spain, en Cuded

sábado, junio 22, 2013

cuando olvidé y corrí



Mis sueños son de un campo muy lejano

Mis sueños son de un campo muy lejano
entre la sangre, el humo y los disparos:
allí están mis amigos en sus tumbas
pero yo en mi sepulcro no me encuentro. 

Conocí los oficios de los hombres
yo también aprendí la lección simple;
mas cuando olvidé y corrí, sólo ellos
rememoraron y permanecieron..

A.E.Housman, Bromsgrove, 1859 - Cambridge, 1936
versión de Silvina Ocampo
en Silvina Ocampo, Poesía completa, Tomo I, Emecé, Buenos Aires, 2002 
imagen de A.E. Housman

My Dreams Are of a Field Afar

My dreams are of a field afar
And blood and smoke and shot.
There in their graves my comrades are,
In my grave I am not.

I too was taught the trade of man
And spelt the lesson plain;
But they, when I forgot and ran,
Remembered and remained.

viernes, junio 21, 2013

y cada dos la división del pan




***
Catecismo animal

Somos duros fragmentos arrancados del reverso del cielo,
trozos como cascotes insolubles
vueltos hacia este muro donde se inscribe el vuelo de la realidad,
la mordedura blanca del destierro hasta el escalofrío.
Suspendidos en medio del derrumbe por obra del error,
enfrentamos de pie las inclemencias, la miserable condición del rehén,
expuestos del costado que se desgasta al roce de la arena y al golpe del azar,
bajo el precario sol que quizás hoy se apague, que no salga mañana.
No tenemos ni marca de predestinación ni vestigios de las primeras luces;
ni siquiera sabemos qué soplo nos expulsa y nos aspira.
Apenas si el sabor de la sed, si la manera de traspasar la niebla,
si esta vertiginosa sustancia en busca de salida,
hablan de alguna parte donde las mutiladas visiones se completan,
donde se cumple Dios.
Ah descubrir la imagen oculta e impensable del reflejo,
la palabra secreta, el bien perdido,
la otra mitad que siempre fue una nube inalcanzable desde la soledad
y es toda la belleza que nos ciñe en su trama y nos rehace,
una mirada eterna como un lago para sumergir el amor en su versión insomne,
en su asombro dorado.
Pero no hay quien divise el centelleo de una sola fisura para poder pasar.
Nunca con esta vida que no alcanza para ir y volver,
que reduce las horas y oscila contra el viento,
que se retrae y vibra como llama aterida cuando asoma la muerte.
Él quedará incrustado en este muro.
Él será más opaco que un pedrusco roído por la lluvia hasta el juicio final.
¿Y servirá este cuerpo más allá para sobrevivir,
el inepto monarca, el destronado, el frágil desertor obligatorio,
rescatado otra vez desde su nadie, desde las entrañas de un escorial de brumas?
¿O será simplemente como escombro que se arroja y se olvida?
No, este cuerpo no puede ser tan sólo para entrar y salir.
Yo reclamo los ojos que guardaron el Etna bajo las ascuas de otros ojos;
pido por esta pìel con la que caigo al fondo de cada precipicio;
abogo por las manos que buscaron, por los pies que perdieron;
apelo hasta por el luto de mi sangre y el hielo de mis huesos.
Aunque no haya descanso, ni permanencia, ni sabiduría,
defiendo mi lugar:
esta humilde morada donde el alma insondable se repliega,
donde inmola sus sombras
y se va. 

Olga Orozco, Toay, La Pampa, 1920-1999
de Los juegos peligrosos, 1962
en El jardín posible, Selección y prólogo de Marisa Negri, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009

imagen de Vitorio Dee en Plasticity on Behance

lunes, junio 17, 2013

sería tan sencillo, me digo


Abrir la puerta
me pregunto
y es una pregunta inmoral
si servirá de algo abrir esa puerta
que da al patio
a la tierra
al viento del mundo
a los pasos de la gente
me pregunto
si servirá de algo escribir
a estas horas de la noche
en el silencio de mi habitación
con la puerta cerrada

sería tan sencillo
me digo
abrir por fin la puerta
y asomarme y mirar
dejando que me lleven
los pasos y la sombras del camino
me pregunto si servirá de algo explicar
por qué no explico
cuando tanta palabra y confidencia
intentaron traducirme
y ponerme al descubierto

si servirá de algo abrir la puerta
me pregunto
y andar por el patio
por el mundo entre la gente
abrir de par en par la puerta
para que todo pueda cumplirse
como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente
como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo
como el canto de las aguas y el susurro de la siesta
como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados

para que todo pueda cumplirse
la luz la noche la inocencia
el nombre que pasa entre las ramas
la puerta se abrirá enteramente
se abrirá por fin la puerta
por si alguno
quiere volver a entrar o salir
o curiosear entre mis cosas
o esperarme mientras vuelvo
y si tardo y no regreso
salir al viento
y olvidarme. 


Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
de Edgar Bayley, Obra poética, 'El día', Editorial Corregidor, Buenos Aires,1976
Imagen de Rob Gonsalves en  Discovery Galleries

domingo, junio 16, 2013

césar vallejo. los pasos lejanos


Los pasos lejanos

Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce...
si hay algo en él de amargo seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;
y no hay noticias de los hijos hoy.
Mi padre se despierta, ausculta
la huida a Egipto, el restañante adiós. 
Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
Está ahora tan suave,
tan ala, tan  salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez. 
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje
son dos viejos caminos blancos, curvos.
Por ellos va mi corazón a pie.

César Vallejo, Santiago de Chuco, Perú, 1892- París, 1938
de Los Heraldos Negros, Editorial Losada, Buenos Aires, 1961
imagen de Paul Klee, Memory of a Garden, en It's about time

jueves, junio 13, 2013

leopoldo lugones. mensaje a rubén darío


Mensaje a Rubén Darío

Maestro Darío, yo tengo un encargo
De la Primavera que llegó anteayer;
Y como es de amores y no sale largo,
Sucede que en verso lo voy a poner.

Dice que no es justo lo que haces con ella,
Si habiéndote dado, tesoro sin par,
Su beso en las flores y su alma en la estrella,
La olvidas y ahora no quieres cantar.

Que antes la querías, que no te ha hecho nada,
Que ya no contestas sus cartas de amor,
Que desde hace un año, pobre abandonada,
El último mirlo se porta mejor.

Qué vano y ligero, tu amor fue de un día.
Que a pesar de todo, Musset no era así,
Que de ella te apartas con melancolía,
Aunque ella fue siempre buena para ti.

Que el sauce murmura, que dos ruiseñores
Se mueren por ella, como es natural,
Y aunque está muy triste para otros amores,
Va sintiendo pena de causarles mal.

Bien que en ella suele no ser la constancia
Más que un frágil moño sobre el corazón,
Aqueste reproche de perseverancia
Yo creo, maestro, que tiene razón. 

de Horas Doradas

Leopoldo Lugones, Villa María de Río Seco, Córdoba, 1874-1938
Fuente: Obras poéticas completas, Prólogo de Rafael Obligado, Aguilar Editor, Madrid, 1948
imagen de Odilon Redon en neo-alchimist

miércoles, junio 12, 2013

wallace stevens. otra mujer que llora


Otra mujer que llora

Desahoga la tristeza
de tu corazón demasiado amargo,
que el duelo no endulzará.

El veneno crece en esta oscuridad.
Está en el agua de las lágrimas
sus flores negras se elevan.

La gloriosa causa del ser,
la imaginación, la única realidad
en este mundo imaginario

te deja
con él, a quien la fantasía no conmueve,
y te perfora una muerte.

***

Del misterio de Don Joost

He terminado mi batalla con el sol;
y mi cuerpo, el viejo animal,
no sabe nada más.

Las poderosas estaciones criadas y asesinadas,
y fueron ellas los genios
de sus propios fines.

Oh, pero el mismo ser de la tormenta
del sol y esclavos, crianza y muerte,
el viejo animal,

los sentidos y el sentimiento, el sonido mismo
y la visión, y todo lo que hubo de la tormenta,
no sabe nada más.

Wallace Stevens, Reading, 1879 - Hartford, 1955
En Wallace Stevens, Selected Poems, Faber & Faber, Londres, 1978
Versión © Silvia Camerotto
imagen de Juan Antonio Cendón, en Dibujos y pinturas de Juan Cendón


Another Weeping Woman


Pour the unhappiness out
From your too bitter heart,
Which grieving will not sweeten.

Poison grows in this dark.
It is in the water of tears
Its black blooms rise.

The magnificent cause of being,
The imagination, the one reality
In this imagined world

Leaves you
With him for whom no phantasy moves,
And you are pierced by a death. 

***
From the Mystery of Don Joost

I have finished my combat with the sun;
And my body, the old animal,
Knows nothing more.

The powerful seasons bred and killed,
And were themselves the genii
Of their own ends.

Oh, but the very self of the storm
Of sun and slaves, breeding and death,
The old animal,

The senses and feeling, the very sound
And sight, and all there was of the storm,
Knows nothing more.

martes, junio 11, 2013

es un río, este lenguaje


Lenguajes

No hay asideros en un lenguaje
a donde los hombres puedan aferrarse
o marcarlo con signos para conmemorarlo.
Es un río, este lenguaje,
una vez cada mil años
abriendo un nuevo curso
cambiando  su camino hacia el océano.
Es efluvio de montaña
mudándose  a los valles
y de nación a nación
cruzando las fronteras y mezclándose.
Los lenguajes mueren como ríos.
Palabras hoy cobijadas por tu lengua
y fragmentadas  para dar forma al pensamiento
entre tus  dientes y labios que hablan
ahora y hoy
será ajados  jeroglíficos
en diez mil años a partir de ahora.
Canta —y al cantar— recuerda
que tu canción muere y cambia
y que no habrá aquí mañana
mucho más que el viento
que sopló hace diez mil años.


Carl Sandburg,  Illinois, 1878- 1967
Versión de © Silvia Camerotto 
Imagen de J.M.W. Turner, Chain Bridge over the River Tees, 1838, en The Victorian Web

Languages

There are no handles upon a language
Whereby men take hold of it
And mark it with signs for its remembrance.
It is a river, this language,
Once in a thousand years
Breaking a new course
Changing its way to the ocean.
It is mountain effluvia
Moving to valleys
And from nation to nation
Crossing borders and mixing.
Languages die like rivers.
Words wrapped round your tongue today
And broken to shape of thought
Between your teeth and lips speaking
Now and today
Shall be faded hieroglyphics
Ten thousand years from now.
Sing—and singing—remember
Your song dies and changes
And is not here to-morrow
Any more than the wind
Blowing ten thousand years ago.


lunes, junio 10, 2013

el resto de nosotros esperaba


Ave atque vale

Pero así es como era en el viejo
mundo —todas sus estrellas y estaciones
en complicidad. Los afortunados quemados
barridos por  guerras y amores —
su ceniza cayendo espesa y enfriando

un continente. El resto de nosotros esperaba
paciente y poco a poco, nuevos dioses
emergían, hipócritas folletos de bienvenida
debajo de las puertas, dejando vahos de colonia
barata en las escaleras.

*
Atis
por ejemplo: he ahí un nombre
que no se oye mucho en las fiestas —

pobre muchacho histérico que cortó
su propio sexo de cuajo

y despertó perdido, criatura escindida
balanceándose pálido en un charco de sangre —

brindemos por eso;
por la confusa pena de Ariadna

refrescándose a diario con la marea;
Egeo al acecho en el mar profundo—

protegido como una botella gigante... ¡Oh héroes
novias ninfas ondinas reyes

dioses y semidioses!
Un espasmo, un deslumbramiento, vislumbrado como

pezones o el blanco de los ojos
en distendidos crepúsculos suburbanos, O

*
como si no fuéramos así de irónicos en estos días
afortunados nosotros

*
Mientras tanto una boda —
recuerda — con torres y una
bodega y catacumbas; una chica

que dejó que  la manzana rodara
hasta los pies de un extraño de pelo rubio,
y guerras, siempre guerras;

el barullo de las cocinas
y el televisor pasando tres jóvenes
vestidos con equipos de gimnasia

de pie alrededor de un antiguo telar,
una mujer con un aire de
¡atención! diciendo algo como

dejen que el eje a se distribuya en el tiempo
y que b, el enlace en sus mano
libre, deje un mapa de cómo el deseo

tironea alborozado contra él. Colores que
se ramifican como corales, flautas
y banderines por las avenidas

y siempre alguien llorando
por la auricular mudo de un teléfono.
Los huéspedes se dispersan,

las montañas echan a una luna.
¿Quién era el hombre de melena
dorada haciendo círculos de humo—

cuál era el ofrecimiento? Teseo
sale al encuentro de la bestia,
balanceándose entre la muerte y la fama;

una mujer dobla su casa
cuadro por cuadro y muerta —
encabeza todas las luces de colores, porque

este era un jardín para amantes.
Los gatos apuestan desde
los macizos de flores. Ella sale

vacía por la carretera costera.
Qué buen barco es el dolor,
llevándonos

a cada uno a su isla.


Tiffany Atkinson, Berlin, s/d
De Catula et Al, Bloodaxe Books, Northumberland, 2011
Versión  © Silvia Camerotto 

Ave atque vale

But that’s how it was in the old
world — all its stars and seasons
in cahoots. The lucky burned
clean up in wars and loves —
their ash fell thick and cooled

a continent. The rest of us sat
tight and by and by new gods
rolled up; glad-handed pamphlets
under doors, left drifts of cheap
cologne in stairwells.

*
                                   Attis
for example: there’s a name
you don’t hear much at parties —

poor frenzied boy who split
his own sex at the root

and woke lost, forked creature
swaying palely in a ring of blood —

let’s raise a glass to that;
to Ariadne’s tangled grief

refreshing daily with the tide;
Aegeus at the look-out plunging sea-

ward like a jeroboam… O heroes
brides nymphs oreads kings

gods and demigods!
A pang, a dazzle, glimpsed like

nipples or the whites of eyes
in slack suburban twilights, O

*
like aren’t we so ironic these days
lucky us

*
Meanwhile a wedding —
remember — with turrets and a wine
cellar and catacombs; a girl

who let the apple roll
to the foot of a blond-haired stranger,
and wars, always wars;

the din of kitchens
and the TV on three youths
in regulation tracksuits

standing round an ancient loom,
a woman with a listenup
demeanour saying something like

let axis a be time apportioned
and let b, the shuttle in your free
hand, leave a map of how desire

tugs bright against it. Colours
branch like corals; cymbal flutes
and bunting through the avenues

and always someone weeping
down the dry horn of a telephone.
The guests disperse,

the mountains kick a moon out.
Who was the man with the gold
mane blowing some rings —

what was the offering? Theseus
walks out to meet the beast,
poised between death and celebrity;

a woman folds her house down
frame by frame and dead —
heads all the fairy- lights, for

this was a garden for lovers.
Cats make their bids from
the flower-beds. She walks

out empty on the coast road.
What a good ship grief is,
bringing us
                        each to her island.

michael speier. olvidamos todo

*** OLVIDAMOS TODO corren sin embargo en el borde inferior del cielo nocturno las noticias novedades en arribo que destellan y ta...