martes, mayo 31, 2011

una remota llamarada


La ciudad sin Laura

En la ciudad callada y sola mi voz despierta una
profunda resonancia.
Mientras la noche va creciendo pronuncio un
nombre y este nombre me acompaña.
La soledad es poderosa pero sucumbe ante mi voz
enamorada.
No puede haber nada tan fuerte como una voz
cuando esa voz es la del alma.
En el sonido con que suena siento el sonido de
una música lejana.
Y en la energía remota que la mueve siento el calor de
una remota llamarada.
Porque mi voz es una chispa de aquella hoguera
que eterniza lo que abrasa.
Porque mi amor es una chispa de aquella hoguera
que eterniza lo que abrasa.
Para poblar este desierto me basta y sobra con
decir una palabra.
El dulce nombre que pronuncio para poblar este
desierto es el de Laura.

Las cosas son inteligibles porque este nombre de mujer
las ilumina.
Porque este nombre las arranca de las tinieblas en
que estaban sumergidas.
Una por una recuperan su resplandor espiritual y
resucitan.
Una por una se levantan con el candor y la belleza
que tenían.
La obscuridad desaparece mientras el sueño silencioso
se disipa.
Por este nombre de los nombres hasta la muerte sin
palabras tiene vida.
Ya no resuena entre las cosas el gran torrente de las
noches y los días.
El tiempo calla y se detiene para escuchar esta perfecta
melodía.
Mi vida entera permanece porque este nombre que
recuerdo no me olvida.
Porque este nombre me sostiene con emoción desde su
tierna lejanía.

Cuando mi boca lo ignoraba, la soledad era más honda
que el silencio.
Cuando mi boca estaba muda, mi corazón era invisible
como el viento.
Se conocía que vivía por la canción que lo tenía
prisionero.
Pero vivía en otro mundo; para las cosas de este mundo
estaba muerto.
Le pesadumbre de las horas era mas íntima que nunca
en aquel tiempo.
Porque las noches eran largas; porque los días de las noches
eran lentos.
La tierra estaba más obscura porque faltaban las estrellas
en el cielo.
El manantial de donde brota la luz que alumbra el corazón
estaba seco.
¿Qué hubiera sido de mi vida sin este nombre que pronuncio
en el desierto?
¿Qué hubiera sido de mi vida sin este amor que me acompaña
desde lejos?

Lejos está la dulce causa del corazón, de la cabeza y de la mano.
Pero su ausencia es la del río, que con la fuente que lo llora
vive atado.
Nunca he sentido como ahora la vecindad de la mujer que estoy
cantando.
Cuando el amor está presente no puede haber nada escondido
ni lejano.
La luz del fuego que me alumbra ¿no es la que alumbra el corazón
del ser amado?
La llamarada que me quema ¿no es la del fuego en que se quema
sin descanso?
Aunque las leguas se interponen entre nosotros, ya no pueden
separarnos.
Porque el amor que vence al tiempo no puede estar sino a cubierto
del espacio.
Entre la dicha y mi existencia la diferencia que hubo ayer se va
borrando.
El ser que nombro es el que, siendo, me da una vida sin dolor ni
sobresalto.

Francisco Luis Bernárdez, Buenos Aires, 1900-1978
en 200 años de poesía argentina, Selección y prólogo de Jorge Monteleone, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2010
imagen: La ciudad sin Laura, de la serie 'Aforismos' de Laura Alessandro, quien gentilmente autorizara la publicación de su obra en este blog

domingo, mayo 29, 2011

desde la arcoirisada crestería


Soneto XXXII

La casa en la mañana con la verdad revuelta
de sábanas y plumas, el origen del día
sin dirección, errante como una pobre barca,
entre los horizontes del orden y del sueño.

Las cosas quieren arrastrar vestigios,
adherencias sin rumbo, herencias frías,
los papeles esconden vocales arrugadas
y en la botella el vino quiere seguir su ayer.

Ordenadora, pasas vibrando como abeja
tocando las regiones perdidas por la sombra
conquistando la luz con tu blanca energía.

Y se construye entonces la claridad de nuevo:
obedecen las cosas al viento de la vida
y el orden establece su pan y su paloma.

***
Débil del alba

El día de los desventurados, el día pálido se asoma
con un desgarrador olor frío, con sus fuerzas en gris,
sin cascabeles, goteando el alba por todas partes:
es un naufragio en el vacío, con un alrededor de llanto.

Porque se fue de tantos sitios la sombra húmeda, callada,
de tantas cavilaciones en vano, de tantos parajes terrestres
en donde debió ocupar hasta el designio de las raíces,
de tanta forma aguda que se defendía.

Yo lloro en medio de lo invadido, entre lo confuso,
entre el sabor creciente, poniendo el oído
en la pura circulación, en el aumento,
cediendo sin rumbo el paso a lo que arriba,
a lo que surge vestido de cadenas y claveles,
yo sueño, sobrellevando mis vestigios morales.

Nada hay de precipitado ni de alegre, ni de forma orgullosa,
todo aparece haciéndose con evidente pobreza,
la luz de la tierra sale de sus párpados
no como la campanada, sino más bien como las lágrimas:
el tejido del día, su lienzo débil,
sirve para una venda de enfermos, sirve para hacer señas
en una despedida, detrás de la ausencia:
es el color que sólo quiere reemplazar,
cubrir, tragar, vencer, hacer distancias.

Estoy solo entre materias desvencijadas,
la lluvia cae sobre mí, y se me parece,
se me parece con su desvarío, solitaria en el mundo muerto,
rechazada al caer, y sin forma obstinada.

***
Algunas bestias

Era el crepúsculo de la iguana.
Desde la arcoirisada crestería
su lengua como un dardo
se hundía en la verdura,
el hormiguero monacal pisaba
con melodioso pie la selva,
el guanaco fino como el oxígeno
en las anchas alturas pardas
iba calzando botas de oro,
mientras la llama abría cándidos
ojos en la delicadeza
del mundo lleno de rocío.
Los monos trenzaban un hilo
interminablemente erótico
en las riberas de la aurora,
derribando muros de polen
y espantando el vuelo violeta
de las mariposas de Muzo.
Era la noche de los caimanes,
la noche pura y pululante
de hocicos saliendo del légamo,
y de las ciénagas soñolientas
un ruido opaco de armaduras
volvía al origen terrestre.
El jaguar tocaba las hojas
con su ausencia fosforescente,
el puma corre en el ramaje
como el fuego devorador
mientras arden en él los ojos
alcohólicos de la selva.
Los tejones rascan los pies
del río, husmean el nido
cuya delicia palpitante
atacarán con dientes rojos.

Y en el fondo del agua magna,
como el círculo de la tierra,
está la gigante anaconda
cubierta de barros rituales,
devoradora y religiosa.

Pablo Neruda, Parral, 1904- Santiago, 1973
en Pablo Neruda, Obras completas, Editorial Losada, Buenos Aires, 1972
imagen: Rodolfo Opazo

martes, mayo 24, 2011

como el que...



Preparativos

Como el que
habita
esa última casa
en la frontera.

Como el que
habita esa casa
última.

Como el que
ultima los preparativos
para abandonarla.

Leónidas Lamborghini, Buenos Aires 1927-2009
de Circus, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1986
imagen: Kazuki Takamatsu en Katzuki TaKamatsu

lunes, mayo 23, 2011

tierra desnuda de mi vida

Esta fuerza amarrada frágilmente

A power girl round with weakness

Cuando mi alma innumerable,
cargada todavía del peso de la tierra,
llore en los fuegos fatuos
y el búho de ojos insomnes
y el murciélago siniestro
y los mil perros aulladores de la noche
enciendan en el viento del oscuro río
los signos del espanto,
ya no me acosarán ni madreselvas ni jazmines
ni los ojos verdes donde las muertes de la tierra resplandecen
-todo lo que amé tanto-
ni el oleaje que gasta mi vida
"esta fuerza amarrada frágilmente".
Mi miedo de muerte
-vida en avidez, vida en vértigo de acto-
será apenas olvido,
inútil pavor derrotado.
Porque todo es olvido
que prospera en la tierra
y ahonda cada día su cielo en la muerte.
Nada de lo que amé podrá seguirme.
Ni la hermosura de los rostros,
ni el agresivo amor humano,
ni los azahares invadidos
de yacentes, jóvenes sangres,
que suben a las bocas vivas.
Y la avidez honda de las tardes
y el escarnio de los tiranos a las ciudades inocentes
y secretamente suplicantes
y el quehacer de las siniestras manos
demoradas en las noches del tiempo
no podrán conmover -Dios lo querrá- mi muerte,
tierra desnuda de mi vida,
"esta fuerza amarrada frágilmente".

Francisca Chica Salas, Las Flores, 1909 - Buenos Aires
de Fragilidad de la tierra
en Antología de la poesía argentina, Selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1979
imagen: Czarno Biale

jueves, mayo 19, 2011

todo hombre es un héroe

Ritos

Cada vez que regreso
A mi país
después de un viaje largo
Lo primero que hago
Es preguntar por los que se murieron:
Todo hombre es un héroe
Por el sencillo hecho de morir
Y los héroes son nuestros maestros.

Y en segundo lugar
por los heridos.

Solo después
no antes de cumplir
Este pequeño rito funerario
Me considero con derecho a la vida:
Cierro los ojos para ver mejor
Y canto con rencor
Una canción de comienzos de siglo.

***
Defensa de Violeta Parra

Dulce vecina de la verde selva
Huésped eterno del abril florido
Grande enemiga de la zarzamora
Violeta Parra.

Jardinera
locera
costurera
Bailarina del agua transparente
Árbol lleno de pájaros cantores
Violeta Parra.

Has recorrido toda la comarca
Desenterrando cántaros de greda
Y liberando pájaros cautivos
Entre las ramas.

Preocupada siempre de los otros
Cuando no del sobrino
de la tía
Cuándo vas a acordarte de ti misma
Viola piadosa.

Tu dolor es un círculo infinito
Que no comienza ni termina nunca
Pero tú te sobrepones a todo
Viola admirable.

Cuando se trata de bailar la cueca
De tu guitarra no se libra nadie
Hasta los muertos salen a bailar
Cueca valseada.

Cueca de la Batalla de Maipú
Cueca del Hundimiento del Angamos
Cueca del Terremoto de Chillán
Todas las cosas.

Ni bandurria
ni tenca
ni zorzal
Ni codorniza libre ni cautiva

solamente tú
tres veces tú
Ave del paraíso terrenal.

Charagüilla gaviota de agua dulce
Todos los adjetivos se hacen pocos
Todos los sustantivos se hacen pocos
Para nombrarte.
Poesía
pintura
agricultura
Todo lo haces a las mil maravillas
Sin el menor esfuerzo
Como quien se bebe una copa de vino.

Pero los secretarios no te quieren
Y te cierran la puerta de tu casa
Y te declaran la guerra a muerte
Viola doliente.

Porque tú no te vistes de payaso
Porque tú no te compras ni te vendes
Porque hablas la lengua de la tierra
Viola chilensis.

¡Porque tú los aclaras en el acto!

Cómo van a quererte
me pregunto
Cuando son unos tristes funcionarios
Grises como las piedras del desierto
¿No te parece?

En cambio tú
Violeta de los Andes
Flor de la cordillera de la costa
Eres un manantial inagotable
De vida humana.

Tu corazón se abre cuando quiere
Tu voluntad se cierra cuando quiere
Y tu salud navega cuando quiere
Aguas arriba!

Basta que tú los llames por sus nombres
Para que los colores y las formas
Se levanten y anden como Lázaro
En cuerpo y alma.

¡Nadie puede quejarse cuando tú
Cantas a media voz o cuando gritas
Como si te estuvieran degollando
Viola volcánica!

Lo que tiene que hacer el auditor
Es guardar un silencio religioso
Porque tu canto sabe adónde va
Perfectamente.

Rayos son los que salen de tu voz
Hacia los cuatro puntos cardinales
Vendimiadora ardiente de ojos negros
Violeta Parra.

Se te acusa de esto y de lo otro
Yo te conozco y digo quién eres
¡Oh corderillo disfrazado de lobo!
Violeta Parra.

Yo te conozco bien
hermana vieja
Norte y sur del país atormentado
Valparaíso hundido para arriba
¡Isla de Pascua!

Sacristana cuyaca de Andacollo
Tejedora a palillo y a bolillo
Arregladora vieja de angelitos
Violeta Parra.

Los veteranos del Setentaynueve
Lloran cuando te oyen sollozar
En el abismo de la noche oscura
¡Lámpara a sangre!

Cocinera
niñera
lavandera
Niña de mano
todos los oficios
Todos los arreboles del crepúsculo
Viola funebris.

Yo no sé qué decir en esta hora
La cabeza me da vueltas y vueltas
Como si hubiera bebido cicuta
Hermana mía.

Dónde voy a encontrar otra Violeta
Aunque recorra campos y ciudades
O me quede sentado en el jardín
Como un inválido.

Para verte mejor cierro los ojos
Y retrocedo a los días felices
¿Sabes lo que estoy viendo?
Tu delantal estampado de maqui.

Tu delantal estampado de maqui
¡Río Cautín!
¡Lautaro!
¡Villa Alegre!
¡Año mil novecientos veintisiete
Violeta Parra!

Pero yo no confío en las palabras
¿Por qué no te levantas de la tumba
A cantar
a bailar
a navegar
En tu guitarra?

Cántame una canción inolvidable
Una canción que no termine nunca
Una canción no más
una canción
Es lo que pido.

Qué te cuesta mujer árbol florido
Álzate en cuerpo y alma del sepulcro
Y haz estallar las piedras con tu voz
Violeta Parra

Esto es lo que quería decirte
Continúa tejiendo tus alambres
Tus ponchos araucanos
Tus cantaritos de Quinchamalí
Continúa puliendo noche y día
Tus toromiros de madera sagrada
Sin aflicción
sin lágrimas inútiles
O si quieres con lágrimas ardientes
Y recuerda que eres
Un corderillo disfrazado de lobo.

Nicanor Parra, San Fabián de Alico, 1914
en Poesía Latinoamericana Contemporánea, Centro Editor América Latina, Buenos Aires, 1988
imagen: Aldo Cervatto

miércoles, mayo 18, 2011

la forma cambiante de mi sombra


***
Es Lou que la llamaban

Hay lobos de todas clases
Conozco al más inhumano
Mi corazón se dé al diablo
Y lo deje en su puerta
Solo un juguete en su mano

Antes había lobos fieles
Como ahora son los perritos
Los Soldados que aman bellas
Gentilmente en su recuerdo
Eran dulces como lobos

Pero hoy son peores los tiempos
Los lobos se han vuelto tigres
Los Soldados se han vuelto Imperios
Césares vueltos Vampiros
Son tan crueles como Venus

Tomé mi decisión Rouveyre
Montando en mi gran caballo
Partiré pronto a la guerra
Sin piedad casta ojo adusto
Como guerreros que Epinal

Vendía Imágenes rústicas
Que Georgin xilografiaba
Dónde están los militares
Soldados idos Dónde están
Dónde están las guerras de antes


***

Sombra

Otra vez estáis de nuevo junto a mí
Recuerdos de mis compañeros muertos en la guerra
El olivo del tiempo
Recuerdos que no hacéis más que uno
Como cien pieles no hacen más que un abrigo
Como esos millares de heridas no hacen más de un artículo periodístico
Apariencia impalpable y sombría que habéis tomado
La forma cambiante de mi sombra
Un indio en acecho para la eternidad
Sombra os arrastráis cerca de mí
Pero ya no me oís
Ya no conoceréis los divinos poemas que canto
Mientras yo sí os oigo os veo todavía
Destinados
Sombra múltiple que el sol os guarde
A vosotros que me amáis lo suficiente para no dejarme nunca
Y que bailáis al sol sin alzar polvo
Sombre tinta del sol
Escritura de mi luz
Arcón de aflicciones
Un dios que se humilla

***
El infierno

Un hombre atravesó sin beber el desierto
Y una noche alcanzó las orillas del mar
Tiene más sed aún de ver la amarga ola
Ese hombre es mi deseo, el mar es tu victoria.

Disfrazado de azul teniendo el alma negra
A los pies de una horca pasea un enmascarado
Como si del amor -ese ahorcado verde-
Yo quisiese que ardiera la atroz mano de gloria.

El ahorcado, la máscara y ese hombre alterado
Descienden al infierno que yo mismo cavo
Y el infierno siempre es: "Querría que ella me ame".

Y no tendré yo nunca una cosa a mi gusto
Si no el amor, al menos una muerte tan bella.
Dime, ¿tú no sabías que mi alma es mortal?

Guillaume Apollinaire, Roma, 1880-París, 1918
en Poesía Europea Contemporánea, Centro Editor América Latina, Buenos Aires, 1988
Traducción,selección y prólogo de Rodolfo Alonso
imagen: De Chirico

martes, mayo 17, 2011

pero el odio


Destino

Matamos los que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su acritud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.

Rosario Castellanos, México, 1925- Tel Aviv, 1974
de Meditación en el umbral, Fondo de Cultura Económica, México, 1985
imagen: Sadie Benning

lunes, mayo 16, 2011

yo no le digo nada


Otra vez Ana

Si pienso en ella, pienso en mí a su edad,
igual de apasionado.
Los amigos, me digo,
significaban todo.
Pero ahora los amigos se empiezan a morir de varias formas
y algunas muertes son irrevocables.
Mi hija no lo sabe
y espero que demore en enterarse.
Yo no le digo nada. Pongo un disco,
mientras la veo ajena,
hermosa y para siempre.

Jorge Fondebrider, Buenos Aires, 1956
Inédito
Imagen: Linda Connor

sábado, mayo 14, 2011

por vuestro y mío


38.

No quiero las ofrendas
en que, de mala ganas,
negáis lo que me dáis.
Me dáis lo que he de perder,
llorándolo, dos veces,
por vuestro y mío, perdido.

Mejor me lo prometéis
sin dármelo, que la pérdida
será más en la esperanza
que en el recuerdo.

No tendré más pesar
que el continuo de la vida,
viendo que con los días
tarda lo que se espera, y es nada.

55.

Todo cuanto cesa es muerte, y la muerte es nuestra
si para nosotros cesa. Aquel arbusto
fenece, y se va con él
parte de mi vida.
En todo cuanto miré quedé en parte.
Con todo cuanto vi, si pasa, paso,
ni distingue la memoria
lo que vi de lo que fui.

71.

Quien eres, no lo serás, que el tiempo y la suerte
te cambiarán en otro.
¿Para qué pues en ser te empeñas
lo que no serás tu?
Tuyo es lo que eres, tuyo lo que tienes, ¿de quién
es lo que otro tiene?

72.

Domina o calla. No te pierdas, dando
Aquello que no tienes.
¿Qué vale el Cesar que serías? Goza
Que te baste lo poco que eres.
Mejor te acoge la vil choza dada
Que el palacio debido.


Fernando Pessoa,Lisboa, 1888-1935
en ODas de Ricardo Reis, Colección la Cruz del Sur, Editorial Pre-textos, Valencia, 1998
Traducción de Ángel Campos Pámpano
imagen: Andrés Rábago

38.
Não quero as oferendas
Em que, mau grado vosso,
Negais-me o que me dais.
Dais-me o que perderei,
Chorando-o, duas vezes,
Por vosso e meu, perdido.

Antes vós, sem mo dardes,
Mo prometais, que a perda
Será mais na 'sperança
Que na recordação.

Não terei mais desgosto
Que o contínuo da vida,
Vendo que com os dias
Tarda o que 'spera, e é nada.


55.
Tudo que cessa é morte, e a morte é nossa
Se é para nós que cessa. Aquele arbusto
Fenece, e vai com ele
Parte da minha vida.
Em tudo quanto olhei fiquei em parte.
Com tudo quanto vi, se passa, passo,
Nem distingue a memória
Do que vi do que fui.


71.
Quem és, não o serás, que o tempo e a sorte
Te mudarão em outro.
Para quê pois em seres te empenhares
O que não serás tu?
Teu é o que és, teu o que tens, de quem
E o que outro tiveres?


72.
Domina ou cala. Não te percas, dando
Aquilo que não tens.
Que vale o César que serias? Goza
Bastar-te o pouco que és.
Melhor te acolhe a vil choupana dada
Que o palácio devido
.

miércoles, mayo 11, 2011

aquella cuyas piernas se asemejan a un gesto



**
Hablemos del lobo

Solitario en la nieve olfatea
Perseguidor de huellas y de tufos

La víctima comparece

Salto
Dentellada
Sangre sobre la nieve
Breve pasión de otro verdugo
Desde lejos
Abolirá de un balazo

El reino de la necesidad no conoce moral.

**
El bello error o de la delicadeza de existir

Hablaré de aquella cuyas piernas se asemejan a un gesto
La que se arroja desde lo alto de sus ojos
Desde lo oscuro de su cuerpo

La que me quiere con delirios
Con escándalos y silencios

La que tiene palabras para los otros
Y una sonrisa para nuestro secreto

La que dispone de un minuto para el mediodía
De su vida para siempre
De mi amor para la eternidad

Ella, que tiene la debilidad de esperarme
Y la manía de quererme

Tú, donde el error se hace acierto o belleza
Tú, que tienes la delicadeza de existir.

**
Para que entre nosotros la verdad no sea una desdicha

Ya no tenemos edad
Somos los pobres de lujo
La vida es un pasaje de ida solamente

Sálvese quien quiera.

Mario Trejo, Buenos Aires o La Plata, 1926
en Mario Trejo, Orgasmo y otros poemas, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1989
Imagen: Dominic Rouse

sábado, mayo 07, 2011

entre este deseo y ése


Quemando cartas

Hice una hoguera; cansada
de los blancos puños de viejas
cartas y su ruido a muerte
cuando me acercaba demasiado a la papelera
¿qué es lo que ellas sabían, que yo no?
Grano a grano, desplegaban
las arenas donde un sueño de agua clara
sonreía entre dientes como un coche de fuga.
No soy sutil
amor, amor, y bueno, estaba cansada
de los cartones del color del cemento o de una jauría
sostenida en su odio
débilmente, bajo de un puñado de hombres con chaquetas rojas,
y los ojos y fechas de las estampillas.

El fuego puede lamer y adular, pero es despiadado:
una vitrina
a la que mis dedos entrarían aunque
se derritiesen y deformen, y les digo:
No toquen.
Y aquí está el final de la escritura,
los ganchos en movimiento, que se doblan y rechinan, y las sonrisas, las sonrisas
y al menos, ahora el desván será un buen lugar.
Al menos no seré pescada justo debajo de la superficie,
tonto pez
de un solo ojo de lata,
esperando destellos,
surcando mi Ártico
entre este deseo y ése.

Entonces, en bata, atizo los pájaros de carbón.
Son más bellos que mi lechuza incorpórea,
me consuelan–
elevándose y volando, aunque cegados.
Huirían revoloteando, negros y brillantes, serían ángeles de carbón
solo que no tienen nada que decir, a nadie.
Lo he visto.
Con la punta de un rastrillo
rompo los papeles que respiran como hombres,
los desparramo
entre las lechugas amarillas y los repollos colorados
envueltos en sus extraños sueños azules
envueltos como fetos.
Y un nombre de bordes negros

se marchita a mis pies,
orquídea sinuosa
en un nido de raíces y tedio—
¡ojos pálidos, guturales de charol!
La lluvia cálida engrasa mi pelo, no apaga nada.
Mis venas brillan como árboles.
Los perros desgarran a un zorro. Así, es como es,
una explosión roja y un grito
que salta de su bolso rasgado y no se detiene
ante ese ojo muerto
y la expresión disecada, sino que continúa
tiñendo el aire,
contándole a las partículas de las nubes, las hojas, el agua
lo que la inmortalidad es. Que es inmortal.

13 de agosto de 1962


Sylvia Plath, Boston, 1932- Primrose Hill, 1963
Versión© Silvia Camerotto
El original del inglés en Sylvia Plath, Poesía Completa, Edición de Ted Hughes, Traducción y notas de Xoán Abeleira, Bartebly Editores, Madrid, 2009
Imagen: David Ashman

Burning letters

I made a fire; being tired
Of the white fists of old
Letters and their death rattle
When I came too close to the wastebasket
What did they know that I didn't?
Grain by grain, they unrolled
Sands where a dream of clear water
Grinned like a getaway car.
I am not subtle
Love, love, and well, I was tired
Of cardboard cartons the color of cement or a dog pack
Holding in its hate
Dully, under a pack of men in red jackets,
And the eyes and times of the postmarks.

This fire may lick and fawn, but it is merciless:
A glass case
My fingers would enter although
They melt and sag, they are told
Do not touch.
And here is an end to the writing,
The spry hooks that bend and cringe and the smiles, the smiles
And at least it will be a good place now, the attic.
At least I won't be strung just under the surface,
Dumb fish
With one tin eye,
Watching for glints,
Riding my Arctic
Between this wish and that wish.

So, I poke at the carbon birds in my housedress.
They are more beautiful than my bodiless owl,
They console me–
Rising and flying, but blinded.
They would flutter off, black and glittering, they would be coal angels
Only they have nothing to say but anybody.
I have seen to that.
With the butt of a rake
I flake up papers that breathe like people,
I fan them out
Between the yellow lettuces and the German cabbage
Involved in its weird blue dreams
Involved as a foetus.
And a name with black edges

Wilts at my foot,
Sinuous orchis
In a nest of root-hairs and boredom—
Pale eyes, patent-leather gutturals!
Warm rain greases my hair, extinguishes nothing.
My veins glow like trees.
The dogs are tearing a fox. This is what it is like
A read burst and a cry
That splits from its ripped bag and does not stop
With that dead eye
And the stuffed expression, but goes on
Dyeing the air,
Telling the particles of the clouds, the leaves, the water
What immortality is. That it is immortal.

13 August 1962

miércoles, mayo 04, 2011

cuídate de amarme


La prohibición

Cuídate de amarme,
Recuerda, al menos, que te lo he prohibido;
No es que remediaré el derroche
de aliento y sangre con tus lágrimas y suspiros,
siendo para ti lo que tú fuiste para mí;
pues tal regocijo consume nuestra vida en un instante,
entonces, no sea que tu amor por mi muerte se frustre,
si me amas, cuídate de amarme.

Cuídate de odiarme,
o del excesivo triunfo en la victoria,
no es que yo sea mi propio justiciero,
y con odio al odio responda;
porque tú perderás tu estilo de conquistador,
si yo, el conquistado, muero por tu odio.
Entonces, no sea que siendo yo nada a ti te disminuya,
si me odias, cuídate de odiarme.

Mas ámame y ódiame también
para que estos extremos ninguna función cumplan;
ámame, para que pueda morir más dulcemente;
ódiame, porque tu amor es muy grande para mí;
o deja que sean ambos quienes se destruyan y no yo;
entonces viviré tu drama, sin vencer;
a menos que tú, a tu amor y tu odio y a mí desates
para dejarme vivir, oh amor, y me odies también.

John Donne, Londres, 1572-1631
Version © Silvia Camerotto
imagen: Tintoretto, (Jacopo Comin)

The prohibition

Take heed of loving me,
At least remember, I forbade it thee;
Not that I shall repair my unthrifty waste
Of breath and blood, upon thy sighs, and tears,
By being to thee then what to me thou wast;
But, so great joy, our life at once outwears,
Then, lest thy love by my death frustrate be,
If thou love me, take heed of loving me.

Take heed of hating me,
Or too much triumph in the victory.
Not that I shall be mine own officer,
And hate with hate again retaliate;
But thou wilt lose the style of conqueror,
If I, thy conquest, perish by thy hate.
Then, lest my being nothing lessen thee,
If thou hate me, take heed of hating me.

Yet, love and hate me too,
So, these extremes shall neither`s office do;
Love me, that I may die the gentler way;
Hate me, because thy love`s too great for me;
Or let these two, themselves, not me decay;
So shall I live thy stage, not triumph be;
Lest thou thy love and hate and me undo,
To let me live, Oh love and hate me too.

domingo, mayo 01, 2011

ya no somos los que fuimos


La constancia de una mujer

Hoy me amaste todo el día.
Cuando partas mañana, ¿qué dirás?
¿Adelantarás la fecha de un voto recién hecho?
¿O dirás ahora que
ya no somos los que fuimos?
¿O que a las promesas hechas por temor reverencial
del amor y su ira, cualquiera puede renunciar?
¿O que como las muertes verdaderas a los matrimonios verdaderos deshacen,
así las promesas de los amantes , imágenes de aquellos,
unen, solo hasta que el sueño, imagen de la muerte, los desata?
¿O tratando de justificar tus propios fines,
por haber aspirado variedad y falsía,
no tienes otro camino que la falsedad para ser leal?
Soberbia lunática, contra estas excusas podría
argumentar y vencer, si quisiera;
pero me abstengo de hacerlo porque mañana
puede que también yo piense así.

John Donne, Londres, 1572-1631
Version © Silvia Camerotto
imagen: Giovanni Battista

Woman’s constancy

Now thou hast loved me one whole day,
To-morrow when thou leavest, what wilt thou say ?
Wilt thou then antedate some new-made vow?
Or say that now
We are not just those persons which we were?
Or that oaths made in reverential fear
Of Love, and his wrath, any may forswear?
Or, as true deaths true marriages untie,
So lovers' contracts, images of those,
Bind but till sleep, death's image, them unloose ?
Or, your own end to justify,
For having purposed change and falsehood, you
Can have no way but falsehood to be true ?
Vain lunatic, against these 'scapes I could
Dispute, and conquer, if I would;
Which I abstain to do,
For by to-morrow I may think so too
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