lunes, septiembre 28, 2009

filiación



septiembre 28

a N.C.
In memoriam

¿Cuándo te bajaste del barco de los amotinados?
La ruta sitiada, en la mañana, de tu casa a la mía,
a cambio de café tibio y la excusa de no entendernos por un tiempo.
Miro las tazas a través de un vidrio sucio
y tus manos dibujan y hacen listas de visitas.
Era un intento por redimirnos.
No nos dimos cuenta de que las drogas no sanan.
Querías que yo hiciera un tiro corto a tres bandas,
pero se gastó la tiza.
Convocando a tu madre, repetías: Fuiste buena hija.
Ignorabas entonces que la bondad es una forma de resistencia.
Las faltas de Job,
los energúmenos subidos a la torre de Babel,
acariciaron el rostro de la filiación bien entendida.
Cuando un cuerpo de varón pesa menos de cuarenta kilos
lo envuelven en una sábana vieja.

silvia camerotto, lomas de zamora, 1959
inédito

imagen: Father, Blanka Lyszczarz Vautravers

miércoles, septiembre 23, 2009

cartógrafos aficionados


Trazando el interior

Imagina que tienes un repasador
Más grande que aquel en que las madres ponen el pan
Para demorar su enfriamiento, el que podrías extender
Sobre todo el piso de la cocina para esbozar su cara
Tan nítidamente como los rasgos del pastel.

Tendrías una imagen que podrías levantar
Hacia la luz y buscar las marcas individuales
De las personas que vinieron a trocar los hilos y sentarse
En sillas de paja que muerden el suelo desnudo, dejando
Firmas unicísimas sobre el concreto que se arrugó
Con el tiempo en un mapa que pudieras mirar e

Imaginar lo que esos cartógrafos aficionados
Estaban pensando cuando sus ojos cayeron, en el silencio
En medio de cuentos, que fue roto solo por
El sonido del fuego y cualquiera que fuera
Que llamaba en la noche desde afuera.

© Eugene O'Connell, Kiskeam, Cork, 1951

Versión © Silvia Camerotto
De: One Clear Call, Bradshaw Books, Cork, 2003
Imagen: Rob Gonsalvez, Flight plan

Mapping the interior

Imagine that you had a dishcloth
Bigger than the one mothers put on the bread
To slow its cooling, that you could spread
Over the whole kitchen floor to bring up its face
As clearly as the features on the cake.

You’d have a print you could lift up
To the light and examine for individual traces
Of people who came to swap yarns, and sit on
Sugan chairs that bit into the bare floor, leaving
Unique signatures on concrete that creased
Over time into a map you could look at and

Imagine what those amateur cartographers
Were thinking when their eyes fell, in the silence
Between the stories, that was broken only by
The sound of the fire and whatever it was that
Was calling in the night outside.

sábado, septiembre 19, 2009

y podemos recordar y construir



Poema en homenaje

No porque los arcos decrezcan esta noche su delirio
ni porque en todo el ámbito del hombre el propósito se haga más firme
la voz más numerosa la confianza más encendida
no porque en esta ciudad los amigos se reúnan para decirse su idéntica alegría
su combate sin fronteras y el calor seguro del comienzo
ni tampoco porque lejos del fervor en la caravana interna del desprecio
los enemigos invoquen sus orillas para acuciar el aire naciente
no porque aquí o allá se yerga el vuelo y la línea y el nuevo arrojo corresponda al antiguo
ni tampoco porque de todos los riesgos posibles elijamos el camino de la libertad y la consecuencia
o elevando el alba hemos llegado a comprender
si el gesto ondea esta noche su comienzo
si la calle anuda su tensión
si los hombre viniendo de su aparte fortifican su empeño cotidiano y amanecen en los puertos ascendentes
en mitad de las estaciones junto al río y las rutinas en tránsito
en medio de la ropa ondulante de las manos dedicadas a condenar o persuadir
es porque el pueblo seguro de su avance ampara hoy la intrepidez y el sueño de las ciudades de la tierra
es porque la mañana se extiende hasta la torre más alta de la infancia
y podemos recordar y construir los deseos futuros
es porque las manos semejantes y la fábula alimentan el amor en los bares y en los puentes
y es porque después de viajes innumerables y palabras de lentas esperanzas y trabajos
del ritmo antiguo y del esfuerzo de los cambios y la permanencia
nos hemos encontrado en el mismo desafío y en la misma batalla.

Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990.
de El Movimiento Poesía Buenos Aires (1950-1960), Selección, prólogo y notas de Raúl Gustavo Aguirre, Editorial Fraterna, Buenos Aires, 1979
imagen: Sulayez "Cambio y permanencia" en Criticarte.com

pero la casa emerge


donde quiera que estés

Tengo mi casa allá lejos donde nacen los lobos
Excelente para dormir a la intemperie para hacer fuego en el desierto.
El lecho es esa tierra dorada donde germinan las plantas ardientes del amor
Con sus raíces flotando entre las espumas de la memoria
Cada día ruedan sobre el techo las enormes piedras desprendidas del cielo
Con un ruido atronador que es sólo el murmullo imperceptible de los besos
La casa se hunde lentamente en viejas razas desaparecidas
En músicas monótonas de tambores
En espejismos salvajes con mujeres que cantan en la noche
Bruscamente sus ojos cambian de color y crean con una sonrisa la mecánica de lo imprevisto
Bruscamente sus vestidos se abren y muestran esos paisajes arrebatadores de borde de abismo
O se cierran de golpe formando la erosión de las lágrimas en las llanuras melancólicas donde viven los muertos
Pero la casa emerge de nuevo a flor de tierra
Enroscándose su larga cabellera a la garganta con una dulzura cada vez más feroz
A riesgo de estrangularme
Los salones reocrridos por la línea del horizonte abren sus espejos inmensos
cubiertos de dársenas y filtros de tormenta los muros son una montaña
el mugido lejano de un buey el océano dormido en jirones
Las escaleras se precipitan como fieras detrás de mis pasos
Se hunden en la eternidad y se prolongan hacia lo alto
A veces los trenes silban en las habitaciones y corren esos sirvientes
misteriosos que pululan por los corredores conduciendo antorchas y haces de leña
Detrás de las cortinas las viejas momias de plata labradas por las costumbres errantes
Destellan con una claridad lunar
Las tapicerías transparentes de las caricias
Las nostalgias desesperadas la violencia de las despedidas
El fulgor de los países perdidos y de las cabezas a la deriva flotando en otros años
Yo te espero eternamente en mi casa junto al mar
Para siempre bajo el presagio de las más bellas aventuras.

[XIII/XIV,12.]

Enrique Molina, Buenos Aires, 1910-1997
De El Movimiento Poesía Buenos Aires (1950-1960), Selección, prólogo y notas de Raúl Gustavo Aguirre, Editorial Fraterna, Buenos Aires, 1979
Imagen: Valentine Hugo, 1890-1968

sábado, septiembre 12, 2009

las cosas tienen precio


III

Esperé un dios en mis días
Para crear mi vida a su imagen,
Mas el amor, como un agua,
Arrastra afanes al paso.

Me he olvidado a mí mismo en sus ondas;
Vacío el cuerpo, doy contra las luces;
Vivo y no vivo, muerto y no muerto;
Ni tierra ni cielo, ni cuerpo ni espíritu.

Soy eco de algo;
Lo estrechan mis brazos siendo aire,
Lo miran mis ojos siendo sombra,
Lo besan mis labios siendo sueño.

He amado, ya no amo más;
He reído, tampoco río.

de Donde habite el olvido, 1932-1933

Ser de sansueña

Acaso allí estará, cuatro costados
Bañados en los mares, al centro la meseta
Ardiente y andrajosa. Es ella, la madrastra
Original de tanto, como tú, dolidos
De ella y por ella dolientes.

Es la tierra imposible, que a su imagen te hizo
Para de sí arrojarte. En ella el hombre
Que otra cosa no pudo, por error naciendo,
Sucumbe de verdad, y como en pago
Ocasional de otros errores inmortales.

Inalterable, en violento claroscuro,
Mírala, piénsala. Árida tierra, cielo fértil,
Con nieves y resoles, riadas y sequías;
Almendros y chumberas, espartos y naranjos
Crecen en ella, ya desierto, ya oasis.

Junto a la iglesia está la casa llana,
Al lado del palacio está la timba,
El alarido ronco junto a la voz serena,
El amor junto al odio, y la caricia junto
A la puñalada. Allí es extremo todo.

La nobleza plebeya, el populacho noble,
La pueblan; dando terratenientes y toreros,
Curas y cabalistas, vagos y visionarios,
Guapos y guerrilleros. Tú compatriota,
Bien que ello te repugne, de su fauna.

Las cosas tienen precio. Lo es del poderío
La corrupción, del amor la no correspondencia;
Y ser de aquella tierra lo pagas con no serlo
De ninguna: deambular, vacuo y nulo,
Por el mundo, que a Sansueña y sus hijos desconoce.

Si en otro tiempo hubiera sido nuestra,
Cuando gentes extrañas la temían y odiaban,
Y mucho era ser de ella; cuando toda
Su sinrazón congénita, ya locura hoy,
Como admirable paradoja se imponía.

Vivieron muerte, sí, pero con gloria
Monstruosa. Hoy la vida morimos
En ajeno rincón. Y mientras tanto
Los gusanos, de ella y su ruina irreparable,
Crecen, prosperan.

Vivir para ver esto.
Vivir para ser esto.

de Vivir sin estar viviendo, 1944-1949

Unos cuerpos son como flores

Unos cuerpos son como flores,
Otros como puñales,
Otros como cintas de agua;
Pero todos, temprano o tarde,
Serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
Convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre.

Pero el hombre se agita en todas direcciones,
Sueña con libertades, compite con el viento,
Hasta que un día la quemadura se borra,
Volviendo a ser piedra en el camino de nadie.

Yo, que no soy piedra, sino camino
Que cruzan al pasar los pies desnudos,
Muero de amor por todos ellos;
Les doy mi cuerpo para que lo pisen,
Aunque les lleve a una ambición o a una nube,
Sin que ninguno comprenda
Que ambiciones o nubes
No valen un amor que se entrega.

de Los placeres prohibidos, 1931

Luis Cernuda, Sevilla, 1902- México D.F., 1963
Fuente: Luis Cernuda, Poesía completa, Biblioteca Crítica, Barral Editores, Barcelona, 1977
Imagen:Dibujo anónimo de Cernuda. Archivo residencia de estudiantes.

lunes, septiembre 07, 2009

se arqueó la cadera del mundo


Navegante solitario II

Después aparecieron los arrecifes: un ojo de vidrio,
una esmeralda en medio del océano. Y la luz
cayó de golpe sobre mí como aceite hirviendo, como un arpón.
Hasta entonces no habíamos conocido la luz.
Lo que llamábamos luz era sólo un reflejo.
Aquello que se posaba sobre el alféizar de la ventana era un simulacro.
La luz era esto: correas ciñiendo los músculos.
La luz era esto: grasa en los ojos, en la boca.
Hasta entonces no habíamos conocido la luz.
Esa noche, bajo las grandes hojas del verano,
pagamos el diezmo de nardo y vainilla.
Y se arqueó la cadera del mundo. Al amanecer,
salimos nuevamente al mar azul,
cantando al ritmo de los remos la antigua canción:
Hacia el horizonte que siempre se aleja,
hacia el horizonte que arroja su red,
hacia el horizonte que nos hace temblar,
hacia el horizonte que esconde al gran pez,
hacia el horizonte del poder desconocido,
hacia el horizonte, siempre hacia el primogénito,
para recibir el alma real, para servir a un amo mejor.

Horacio Castillo, Ensenada, |934.
de Alaska, Colección de Poesía Todos Bailan, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1993
Imagen: Gustave Dore, Ancient Mariner

jueves, septiembre 03, 2009

y mis manos se tiñieron


Y la cabeza comenzó a arder

Sobre la pared
negra
se abría
un cuadrado
que daba
al más allá.

Y rodó la luna
hasta la ventana;
se paró
y me dijo:
‘De aquí no me muevo;
te miro.
No quiero crecer
ni adelgazarme.
Soy la flor
infinita
que se abre
en el agujero
de tu casa.

No quiero ya
rodar
detrás de
las tierras
que no conoces,
mariposa,
libadora
de sombras.

Ni alzar fantasmas
sobre las cúpulas
lejanas
que me beben.
Me fijo.
Te miro’.
Y yo no contestaba.
Una cabeza
dormía bajo
mis manos.
Blanca
como tú,
luna.

Los pozos de sus ojos
fluían un agua
parda
estriada
de víboras luminosas.

Y de pronto
la cabeza
comenzó arder
como las estrellas
en el crespúsculo.

Y mis manos
se tiñieron
de una substancia
fosforescente.
E incendió
con ella
las casas
de los hombres,
los bosques
de las bestias.

(de Mundo de siete pozos, 1935)

Agrio está el mundo

Agrio está el mundo,
inmaduro,
detenido;
sus bosques
florecen puntas de acero;
suben las viejas tumbas
a la superficie;
el agua de los mares
acuna
casas de espanto.

Agrio está el sol
sobre el mundo,
ahogados en los vahos
que de él ascienden,
inmaduro,
detenido.

Agria está la luna
sobre el mundo;
verde,
desteñida;
caza fantasmas
con sus patines
húmedos.

Agrio está el viento
sobre el mundo;
alza nubes de insectos muertos,
se ata, roto,
a las torres,
se anuda crespones
de llanto;
pesa sobre los techos.

Agrio está el hombre
sobre el mundo,
balanceándose
sobre sus piernas...

A sus espaldas,
todo,
desierto de piedras;
a su frente,
todo, desierto de soles,
ciego...

(de Mundo de siete pozos, 1935)

Alfonsina Storni, Sala Capriasca, Suiza, 1892- Mar del Plata, 1938
De Alfonsina Storni, Tomo I, Poesía, ensayo, periodismo, teatro, Editorial Losada, Buenos Aires, 1999.
Imagen: Remedios Varo

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